"Pero... ¿será cabrón?"
Acababa de salir de casa, camino del tajo y me paré en el primer semáforo que me frena todos los días. El anciano de la foto estaba sentado en el banco. Asía el bastón con ambas manos y apoyaba las frente sobre ellas en un gesto de cansancio, de hastío y casi de derrota. Detrás de él, circulaba el amago de tráfico denso del mes de julio en la ciudad de las facturas. Pensé en que ese hombre ya estaba deambulando por las calles desde las ocho de la mañana, intentando matar un tiempo con el que desde hace mucho, no sabe qué hacer. Pensé en cuánto debía añorar la adormecida y placentera vida en el pueblo, tan opuesta al caos de ruido y polución de esta urbe a la que jamás terminará de amoldarse. Esto me lo imaginaba yo, no tiene porque ser así. Pero si yo no crease mis propias versiones de la realidad, ustedes y yo no tendríamos nada que hablar. Saqué la cámara a toda velocidad, a la par que el título de la fotografía daba aldabonazos a las puertas de mi cabeza:
"Hijo mío, ¿por qué me trajiste a la ciudad?"
El semáforo se iba abrir de un momento a otro, así que lo puse todo en automático con la intención de retocar después lo que hiciese falta. En el momento en que disparaba, al anciano le dio por largarse y a mí por olvidar toda la empatía que estaba experimentando y por cambiar el título de la fotografía. El cabrón soy yo.
Comentarios
Muchas gracias.
gran post!